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Enfermedad y enfermar en la farmacia comunitaria

Introducción

En los años 90 aparece en escena la Filosofía de la Atención Farmacéutica (AF) orientada al paciente y que ha supuesto la transformación de la práctica farmacéutica (en Hospital, en Atención Primaria, en la Farmacia Comunitaria y en las Universidades). La Atención Farmacéutica se presta a todas las personas atendidas en la Farmacia Comunitaria, con independencia de su situación administrativa y legal. De hecho, la Farmacia Comunitaria es muchas veces la única puerta sanitaria abierta para población marginal como pacientes adictos a drogas, prostitutas, sin documentación legal, etc. La AF se materializa mediante la prestación de servicios clínicos: dispensación (evalúa y resuelve problemas que afectan a la seguridad del paciente), la indicación farmacéutica (evaluación y tratamiento de un problema que puede ser tratado con medicamentos no sujetos a prescripción), el seguimiento fármacoterapéutico, la revisión de la medicación, la conciliación y la adherencia, entre otras. Estos servicios son de aplicación a cualquier paciente que utilice, al menos, un medicamento.

En la AF intentamos el encuentro con la persona/cuidador para llegar al paciente por las consecuencias que pueden tener los tratamientos (desde la prescripción, a la administración por acción o por omisión). Cualquier contratiempo que surja en la farmacia (accesibilidad al medicamento) se enmarca única y exclusivamente en una relación comercial que deteriora y contamina el encuentro. Para los pacientes el medicamento casi siempre es urgente sobre todo ante la primera prescripción (más si es al alta hospitalaria o prescrito por el especialista).

¿Cómo identificamos las enfermedades en la Farmacia?

El paciente se identifica en la farmacia presentando la receta y pide los medicamentos. Las personas que solicitan los medicamentos no expresan de forma abierta su enfermedad. La enfermedad (motivo de la prescripción) puede surgir en el contexto de la entrevista (casi nunca en una dispensación muda), o de forma indirecta “esto para la diabetes” “me faltan las pastillas de la tensión” “esta caja no la conozco, para qué es“ “venimos del hospital que a mi padre le dio un infarto”……

Desde el punto de vista técnico podemos “acercarnos” a las enfermedades a través de los medicamentos prescritos, la posología y la estrategia terapéutica nos da idea de la “gravedad”. La percepción de la enfermedad no es igual para el farmacéutico, el paciente y el familiar o cuidador, es importante tenerlo en cuenta porque afecta a cada encuentro.

 

Variabilidad del comportamiento según qué enfermedad.

Hay enfermedades (cáncer) y enfermedades (diabetes). El paciente con cáncer suele buscar el anonimato, mientras que el diabético habla de su enfermedad sin importarle quien tiene al lado (incluso muestran complicidad: esta pastilla también la tomo yo pero la mía es más fuerte). Ante un paciente o familiar que solicita medicamentos porque tiene cáncer o Alzheimer el miedo a vulnerar la intimidad nos lleva a la dispensación silenciosa.

La intuición y la observación del paciente o el familiar, su silencio, la tristeza en su rostro nos indica que algo serio ha tenido lugar en la consulta del médico. De nuevo el silencio y la frase que invita: ¿necesita alguna aclaración o información sobre los medicamentos? No gracias, ya me lo explicó el médico.

El paciente desconocido que expone sus enfermedades y emociones de forma abierta y que busca la escucha. Es receptivo, reconoce, agradece los conocimientos y la implicación profesional del farmacéutico.

Enfermedades “fáciles de manejar”: infección, hipertensión. La relación y el intercambio de información (farmacéutico/paciente) no suele ser presentar dificultad.

El paciente “complicado” que requiere un trato especial por su enfermedad (esquizofrenia) y por su situación social.

El paciente joven sano que sale de alta por un infarto, tiene miedo, no sabe para qué es cada uno de los medicamentos. Su vida ha cambiado

Qué esperan los enfermos

Una dispensación rápida y que demos lo “que el médico me recetó”. Cada enfermo elige la farmacia en función del servicio que le den. No es fácil saber si esperan una atención “tradicional” o si le  incomoda / rechaza una dispensación informada. Quieren que resolvamos problemas (por ejemplo, una receta) y a veces puede llegar a convertirse en una exigencia, generar conflictos (perder clientes) o generar agradecimiento (ganar clientes): dispensación apropiada de medicamentos que necesitan visado, psicótropos, estupefacientes, etc.

Hay problemas como el muy frecuente por desabastecimiento que son difíciles de entender y a veces de resolver. La gestión de las faltas es una preocupación para el farmacéutico, implica la búsqueda de alternativas terapéuticas (que no siempre hay), explicar a los pacientes (empatía, confianza), derivar a al médicos…… El objetivo es evitar incumplimiento  y errores de administración.

 

Ley de Autonomía del paciente. El deber de informar. Fuente de conflicto

Todo profesional que interviene en la actividad asistencial está obligado no sólo a la correcta prestación de sus técnicas, sino al cumplimiento de los deberes de información y de documentación clínica, y al respeto de las decisiones adoptadas libre y voluntariamente por el paciente.

Aquel que no hace lo que el médico prescribe es etiquetado de ”paciente incumplidor”, se le busca activamente y se le incluye en múltiples programas que buscan el beneficio de mejorar la adherencia (o el consumo, según quien promueva o financie esos programas). ¿Hasta dónde la Ley de Autonomía del paciente, hay límites? ¿Son los mismos límites en el enfermo que utiliza recursos públicos que el enfermo de la medicina privada?

¿Qué tipo de información se espera que proporcione el farmacéutico ante la solicitud de medicamentos con receta? ¿Puede crear situaciones de conflicto con el médico o con el propio paciente/familiares? Las fichas técnicas de los medicamentos son la referencia para todos los sanitarios. ¿Las situaciones de alto riesgo (contraindicación, dosis por encima de las admitidas) se comunican al paciente? ¿Se pide autorización para confirmar con el médico la prescripción?.

Los pacientes tienen una expectativa muy alta del beneficio de los medicamentos, pero los sanitarios cada vez somos más conscientes de los riesgos. Resolver implica identificar los problemas y tratar de evitar el daño, cada uno donde esté, de forma coordinada, sin exclusiones y en el contexto de la buena práctica profesional. Todos somos necesarios.

Teresa Eyaralar

Farmacéutica de Carbayín Alto (Asturias).

Vocal de Farmacia de la Red Española de Atención Primaria (REAP).

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